Agencias literarias de teatro, cazadores de tesoros

¿Qué tiene que ver una agencia literaria con el teatro? Todo… o mucho. Sin una agencia casi nunca hay un texto dramático (a menos que seamos nosotros mismos el que lo creemos).

Las agencias literarias son el actor menos explorado del sector teatral. Los textos giran alrededor de éstas y aún así pocas personas conocen cómo funcionan o cómo relacionarse con ellas.

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La labor de una agencia literaria parece sencilla; pero está lejos de serlo. Son observadores silenciosos. La vanguardia. Actores de la industria que van cinco pasos más adelante que el público; en ocasiones como mineros que desentierran una joya preciosa sepultada.

El rol de la agencia literaria

Una agencia literaria en teatro tiene la función de administrar textos dramáticos. De forma muy escueta, su labor consiste en:

  • Buscar posibles productores para un texto dramático, para que lo desarrollen como un montaje escénico;
  • Velar por los intereses del autor/dramaturgo titular del texto dramático.
  • Negociar en condiciones beneficiosas para el autor/dramaturgo.
  • Buscar textos que puedan ser adaptados y representados en territorios diferentes a su lugar de origen.
  • Servir de agentes controlantes del texto en territorios específicos

La buenas agencias son las que activamente buscan textos que quieren representar. Por eso van cinco pasos más adelante que el público. Porque buscan en otros territorios que el público aún no conoce. Adaptan a idiomas nuevos para abrirle horizontes al texto. Con un buen texto asegurado negocian con diversos tipos de productores para que se garantice un excelente montaje escénico y la obra pueda ser un éxito en taquilla. Son el tras-tras-bambalinas. Están trabajando antes de que los productores decidan que vale la pena invertir su dinero y tiempo en montar una nueva obra.

Contacto

Cuando comencé a trabajar en teatro no tenía muy claro cómo una obra podía pasar de un libro que se compra en la librería a las tablas. Qué procesos deben ponerse en marcha para hacerlo bien (desde el lado jurídico, claro está; el lado artístico se lo dejamos a los expertos).

Es necesario tener la autorización del autor del texto dramático para poder llevarla a las tablas. Solo con comprar el libro en una librería no basta; tampoco es válido descargar de internet un archivo el texto.

La autorización del titular (ya sea el autor o la agencia literaria que lo representa) debe ser explícita y lo usual es dejarla por escrito en un contrato.

Las vías correctas para llegar a un titular de un texto dramático son:

  1. Directamente: Al encontrar una obra dramática que nos interese montar se puede contactar al dramaturgo directamente. Internet, en su inmensa cantidad de información, nos permite estar a pocos grados de separación (o un correo electrónico de separación) de casi cualquier persona. Una opción es escribirle directamente al autor, o sus herederos, o la empresa/fundación que administre los derechos de sus obras.
  2. En un teatro: Otra manera de saber a quién dirigirse es preguntarle a alguien que ya haya hecho el proceso. Si se descubre la obra como público, asistiendo a una presentación en vivo del texto, se puede preguntar por el productor o el director de la obra al finalizar la función, e indagar de quién obtuvieron la autorización para hacer el montaje.
  3. En el cartel: Revisar si el cartel de la obra que nos interesa tiene el nombre del dramaturgo, los adaptadores, o de la agencia literaria que dio la autorización; muchas veces esta es la opción más rápida y sencilla.

A cada uno de estos actores e intermediarios hay que preguntarles en qué calidad están hablando. ¿Son ellos los dueños? ¿representan a alguien más? La autorización solo la puede dar los titulares —y el titular no siempre coincide con el autor—.

Fetiche

Hay una agencia literaria particular en Argentina, que negociar con ellos es como contactar a una guerrilla. No se puede hacer directamente; solo puedes llegar a ellos por referidos, la gente sabe quienes son pero no dónde se esconden. Son todo un misterio y al mismo tiempo están en todos los carteles. Cada quién con sus formas de hacer negocios.

Condiciones

Una vez identifiquemos quién tiene control del texto dramático hay que negociar las condiciones en las que se va a presentar. Una buena forma de preparar una propuesta una propuesta a una agencia literaria es anticipar la respuesta a las siguientes preguntas:

  • ¿En qué teatro se va a presentar?
  • ¿Por cuánto tiempo va a durar la temporada?
  • ¿Cuánto es el valor promedio de la boleta?
  • ¿Se va a cobrar por el texto un precio fijo por función? ¿un porcentaje de la taquilla? El porcentaje estándar es el 10%; en ocasiones especiales se puede negociar hasta un 8%;
  • ¿Es material que se va a representar en su idioma original? Si no ¿cuánto van a cobrar por la adaptación? ¿La adaptación la va a hacer el productor o la proporciona la agencia? ¿Quién es el titular de la adaptación? El adaptador recibe usualmente entre el 2-3% de la taquilla por función.
  • ¿Cuánto cobra la agencia de comisión?¿es un porcentaje adicional o una cifra fija adicional? La comisión de la agencia puede estar entre el 1-2%

Definir estos porcentajes es vital. Son esenciales al momento de modelar un presupuesto para el proyecto completo. Es muy importante resaltar que estos porcentajes solo cubren el uso del texto… no de la música.

La música que se utilice en el montaje escénico debe ser autorizada por aparte —a través de una sociedad de gestión colectiva o directamente con los titulares (p.ej. Sayco)—. Ese solo tema da para una diatriba propia, que será para otro día.

De momento: Los porcentajes sirven para hacer el presupuesto; y ese presupuesto debe contemplar por aparte la música (en la modalidad que convenga: por encargo, música de terceros, etc.).

Detalles que se pasan por alto

Los contratos de representación escénica (como se le llama a los contratos para poder montar un texto dramático) en realidad son sencillos: se establece cuál es la obra y en que tiempo se va a utilizar; cuánto se va a pagar por el uso; a qué se autoriza y a qué no.

Hay algunos detalles que se pasan por alto y que es común que estén en los contratos. Nada que sea grave pero que vale la pena ponerle atención:

  • ¿Hay exigencias de cómo debe ir el cartel? Información, colores, fuentes tipográficas, créditos, tamaños.
  • ¿El texto se puede adaptar? Así el texto dramático original haya sido escrito por un autor de habla hispana, es necesario tener autorización para adaptarlo un poco al territorio que se va a representar. Cada obra necesita giros idiomáticos particulares al lugar desde dónde el director del montaje escénico quiere presentar la obra. Esa autorización de adaptación hay que pedirla. Casi nunca está en los contratos. Casi siempre los directores y actores adaptan sin tener autorización, digo yo, incrustándole un TransMilenio a cualquier texto que se encuentran, solo porque sí.
  • ¿Deben aprobar el montaje final? / ¿Alguien de la agencia debe verificar el montaje escénico?
  • Puede ser una licencia. El sector del teatro tiene una fijación inexplicable con las cesiones de derechos como la única forma contractual conocida. Licenciar es una opción válida (y algunas veces hasta más barata).

Negociación a 4 puntas: tiempo, territorio, uso y ventana.

Coda

Un dramaturgo colombiano al que admiro, me comentó muy feliz que una de sus obras estaba siendo montada en Ecuador. Le pregunté cuánto había cobrado o cómo había dado la licencia. No respondió. Me dijo que estaba contento, porque le generaba mucho orgullo que lo tuvieran en cuenta; pero que no sabía que podía cobrar por eso. Las agencias literarias tienen una razón de ser y en parte existen porque los autores no saben (no les gusta o no se les da) negociar correctamente los usos de sus obras.

 

Imagen

Kira auf der Heide on Unsplash.