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El director como autor de la obra cinematográfica.

El cine, el séptimo arte, es característico por tener la convergencia de varios recursos artísticos, por esto necesita gozar de una homogeneidad estable a lo largo de toda la obra, tanto en su estética, narrativa, interacción de sus personajes, etc. Para esto es necesario alguien que tenga la visión global de la obra, y que coordine todos los medios: El director.

El cine adolece de la pesadilla de todo estudiante, y de la obligatoriedad de saber manejar la circunstancia de, trabajar en equipo. Hay pocas cosas más frustrantes que tener que hacer un trabajo en grupo y que solo 1/3 del grupo trabaje, y que el resto sea objeto del llamado “carrito”, y arrastrar nota es lo peor.

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Al ser un tipo de obra compleja, un texto multimodal, los participantes de la cinematografía suelen tener diferentes especializaciones, los actores, luministas, el director de fotografía, el guionista, los coloristas, la postproducción, todos tiene tareas y funciones específicas. Sin embargo, no hay que olvidar que una obra audiovisual no puede ser un popurrí de perspectivas, sino que tiene que gozar de una homogeneidad para llegar a comunicar la historia o mensaje que pretende, para esto es que se tiene un director. 

La función principal del director en la obra es la de tomar decisiones y decidir, especialmente, sobre la línea conceptual que ha de seguir la obra en sí misma. A partir de ello, recurrir a las herramientas que le brindan el resto de los participantes para enriquecer esta visión y dar la sensación de homogeneidad y equilibrio necesario para llevar el entendimiento del mensaje articulando de esta forma sus medios. 

Además de ello, es inútil que la toma de decisiones sea llevada por una persona sin los conocimientos sobre las diversas materias que se tratan en un audiovisual, el director tiene que ser una persona entregada al multitasking, entender desde la influencia de los planos en la narración hasta la utilidad de la paleta de colores para reflejar el tono propio de las escenas que se planean. Ha de ser un coordinador magistral de cada una de los aspectos, eso diferencia a los buenos directores de los malos directores, todo tiene una razón.

Nada nunca es al azar en el arte, cada hoja y perspectiva está milimétricamente medida bajo la idea del director. Por ejemplo, la icónica alfombra del hotel de “The Shining” en forma de rombos fue elegida por Kubrick a razón de la sensación de símil con el laberinto que se muestra en la película, la icónica escena de “here’s Johnny” es acompañada de cuerdas frotadas desafinadas y agudas en busca de la tensión, del mismo modo que la cámara en mano de Kubrick demuestra inestabilidad y nerviosismo en la escena misma. 

“No cuentes, no narres, muestra” ha sido un principio en el cine desde siempre.

Sin embargo, el ser director también conlleva romper esquemas y definir sus propios códigos. Directores como Tarantino abandonan la idea de la imagen, para profundizar en los diálogos largos y fluidos para llegar a forjar la personalidad de sus personajes a tal punto de no ser olvidados. 

Las diferentes revoluciones que ha dado el cine en sus años ha engrandecido la imagen del director como el determinador de este avance, los saltos de narrativa, estética, personajes, colores, planos han devenido de directores que rompen los esquemas en torno al interés de comunicar lo que desean y como desean.

Aún así, el papel del director depende también de cómo utilice los medios que están a su disposición, es memorable la utilización del estilo por parte de Coppola para representar la oscuridad del “Padrino” por medio de la luz, pero esto no se hubiera conseguido si no fuera por la estética propuesta por Gordon Willis, o con la actuación casi improvisada del gran Marlon Brando. Un director se forja por su buen ojo, y por su capacidad de escuchar y utilizar buenas recomendaciones y referencias.

No es para menos que esta figura sea reconocida como el autor de la obra principal, de su capacidad depende la buena configuración de una obra, y la efectividad de lo que se pretende con la misma. Tampoco es muy sorpresivo que las producciones con tantos cambios de directores tengan constantes fallos de cohesión en su desarrollo, para la muestra del botón tenemos películas como “Suicide Squad”, que nació como una película de acción con algo de humor, para ser reinterpretada por otro director como una película de humor con algo de acción.

El director es el gran encargado de que todas las piezas encajen, de que la obra goce de un estilo y narrativa reconocible, sin una buena dirección la obra siempre se irá al traste.

Por eso, puede faltar lo que sea en una obra, menos una buena dirección.