11 niveles para un concierto

11 niveles de un concierto

Un concierto es mucho más que canciones. Hay que cantarlas bien y tener el repertorio ensayado. Pero el aspecto coreográfico, al diseñar la puesta en escena de un concierto, no se puede dejar de lado.

Una puesta en escena se puede diseñar en muchos niveles. En cuanto más atención pide y reclama del público, más elementos entran a jugar en la puesta en escena. Esos elementos cambian dependiendo del género musical que se esté presentando y no es necesario utilizarlos todos al tiempo. Por eso creo que son niveles. El trabajo de diseñar una puesta en escena va escalando.

Es interesante analizar los espectáculos en vivo de todos los calibres. Desde los recitales íntimos, entre 20 y 60 personas, hasta los conciertos de multitudes (de 800 personas en adelante, por decir cualquier número).

Este listado es para darle una guía a los artistas que están configurando su show en vivo. O esos que han llegado hasta cierto nivel y se preguntan cuál podría ser el siguiente paso. Cada uno debe darse a su tiempo. Cada nivel se va adquiriendo cuando el proyecto, el espectáculo y el público necesitan de un poco más para seguir creciendo.

Insisto, no todos los proyectos necesitan de todos estos elementos; he disfrutando conciertos de cantautores con 400 personas en el público, armados solamente con su guitarra. Nada más. Su genialidad quizás era hacer parecer que todos estos elementos se vieran como algo dado, sin esfuerzo, como que no los pensó nadie. La realidad es que su propuesta de valor artístico estaba perfectamente alineada con lo que estaba en el escenario; nos prometió canciones hermosas, de letra intrincada, íntimas, que fueran el centro de atención. Para eso no necesitaba más que su guitarra (y su magnífica interpretación).

La realidad es que un espectáculo está diseñado. Sigue una coreografía que muchos ni se enteran que existe.

[Advertencia amigable: este artículo es de referencia y puede tomar hasta 15 minutos leerlo completo; esperamos que lo disfruten.]

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¿Cuánto vale hacer un cover? [Actualizado]

Cómo grabar un cover

Los grupos musicales se dividen en dos grupos. Los que saben cómo grabar legalmente un cover y los que no. Aquí les resumimos algunas alternativas.

Los covers son versiones de canciones que otro artista ya comercializa.

Se pueden hacer como un homenaje (Fonseca canta “Sin Medir Distancias” de Diomedez Díaz) o porque a veces la canción necesitaba otra perspectiva (como Kenton Chen de Scary Pockets cantando “If I Ain’t Got You” de Alicia Keys).

Se pueden hacer porque se quiere una aproximación más minimalista y sentida (como Melisa Lilian (de Matisse) cantando “Bailar Contigo” de Monsieur Periné ) o hacer una versión  simplemente porque el álbum necesitaba algo de nostalgia (Esteman canta “Frenesí” de Alberto Rodríguez Borrás —que tiene más versiones que palabras en la canción—.

 

Muchos grupos que conozco lo que hacen es grabar y ya, así no más. Sin hacer nada. Siguiendo esta lista:

– No pedir permiso
– Graban porque me gusta esa canción
– Nunca retribuir al compositor o la compositora (o grupo de compositores)
– Invertir  $0 en permisos

Fácil, ¿no?

En principio es fácil, pero no deja de ser ilegal.

La mayoría de usuarios de Internet tiene la pésima costumbre de actuar bajo la regla de “es mejor pedir perdón que pedir permiso”.

El lío, es que en términos de propiedad intelectual, siempre es mejor pedir permiso, no solo pedir perdón.

Incluso, siempre se debe pedir permiso.

Ese precio $0 por no permiso se puede convertir en un dolor de cabeza: demandas, abogados, daños, perjuicios, papeleo, gastritis colectiva…

La buena noticia es que se puede pagar lo mismo (osea nada, $0) y hacer un cover legal; y de paso ahorrarse los dolores de cabeza.

Hacer covers en YouTube para llamar la atención está bien… ¿pero no sería mejor poder además distribuirlos en plataformas digitales y vender esas interpretaciones propias?

¿Qué se necesita?

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¿Cómo describir tus canciones?

Describir Canciones

Una de las tareas más difíciles es describir de qué se trata una canción que escribimos. Como estamos muy metidos en su creación, se nos dificulta apartarnos de ella para describirla objetivamente.

Este es un problema que nos encontramos a diario. Los artistas están tan entrelazados con su obras que les cuesta describir cada una des sus creaciones sin entrar en una carreta desordenada.

Como todo, esto se soluciona organizado un poco el discurso, con las preguntas correctas.

Para esto nos ayuda definir: la idea original del compositor, el hilo conductor de la canción, el tono, el resumen de la historia, el tema principal, el tema subyacente, las palabras claves y las frases claves.

Con estos elementos definidos, escritos y organizados podemos llenar de contenido los discursos en los conciertos, las publicaciones de redes sociales que hablen de la canción, las respuestas en las entrevistas, los comunicados de prensa y demás.

Las preguntas que proponemos son para exponer las entrañas de cada canción.

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El anonimato y la publicidad

Publicidad y Anonimato

Hay tres cosas estúpidamente caras en el mundo: lo que esté en venta en un aeropuerto, lo que esté relacionado con una fiesta de matrimonio y la publicidad.

Los primeros dos tienen una explicación sencilla: estado de necesidad.

Para la publicidad no es tan sencillo.

Todos los tratados de derecho de autor dicen que los derechos morales no se pueden negociar. E insisto que los artistas tienen una fijación casi obscena con los derechos morales. Una obsesión innecesaria, por decir menos.

(Link los derechos de autor no importan)

Pero la realidad es otra. Hay un derecho moral con el que se comercia. Se disfraza de otra cosa y se pone en los contratos sin sonrojarse. El derecho moral de anonimato.

La publicidad vale el triple que una obra por encargo normal por eso, porque además de la exposición y uso que va a tener la pieza, se exige que el autor permanezca anónimo.

Pues… se le exige que lo haga voluntariamente. De la misma manera en que la KGB pedía el favor de colaborar de forma voluntaria. Un acto voluntario lleno de matices.

Más común de lo que se cree

La forma de probar esto es sencilla. ¿Cuándo fue la última vez que vieron un comercial en video que tenga los créditos al final? ¿Qué mencione los actores? ¿Qué mencione el nombre del director? ¿El guionista?

— Si alguien tiene algún ejemplo, estaríamos fascinados de recibirlo—

A la fecha, no hemos visto el primero.

Hacer un comercial para televisión —o para YouTube hoy por hoy— no es una tarea sencilla. Cualquier producción audiovisual de alta calidad requiere un despliegue de producción, un esfuerzo creativo de preparación y posproducción. Sin importar que el resultado final sea de cuatro segundos o de dos minutos. Un comercial de televisión es una obra audiovisual por todos los ángulos por los que se le mire.

Y aún así. Nadie aparece en los créditos. A diferencia del cine o la televisión donde al final ruedan créditos con el nombre del que participó en el proyecto —hasta del abogado en algunos casos—.

Contratos

La respuesta está en los contratos de publicidad. Que la mayoría de las agencias incluye cuando encargan una pieza.

La cláusula dice que el artista/director/creativo/ilustrador/editor se abstendrá de reclamar los créditos de autoría. Que ejercerá su derecho moral a mantenerse anónimo; y —aquí viene el veneno— en caso de querer ejercer su derecho moral de atribución, tendrá que pagar una multa de chorro-cientos miles de dólares.

¿Es ilegal?
Técnicamente, no.

¿Es abusiva?
Sí, quizás un poco tres cuarto y montones… sí. En cierta forma lo es.

¿Para qué la multa?
A prevención. Como los derechos morales no se pueden renunciar. Dejar por escrito que uno quiere mantenerse anónimos es un remedio temporal. En cualquier momento el autor podría exigir que le den el crédito correspondiente. Tendría toda la autoridad para hacerlo. Lo podría hacer en cualquier momento y eso dejaría a la agencia —y al cliente final de la campaña— en un limbo insostenible. Por eso optan por la multa. Que es más una amenaza que cualquier otra cosa… como la KGB y sus técnicas de sometimiento voluntario.

¿y por qué alguien aceptaría esa cláusula?
Por un buen precio.

Víctimas o pacientes

Pongo este tema sobre la mesa por dos razones: (i) me produce una ternura infinita cuando los libros de derecho de autor dicen que los derechos morales son irrenunciables y que no se puede negociar con ellos; (ii) un veneno tomado voluntariamente nos convierte en pacientes y no en víctimas.

La publicidad es un mercado enorme con múltiples oportunidades para creadores en la economía naranja. Como cualquier mercado tiene sus reglas de juego. En este caso: la cesión o limitación de derechos específicos.

La ventaja: Si se conocen las reglas, se pueden negociar mejor las condiciones (de uso y las condiciones económicas).

 

PD: ¿Al fin Taylor Swift es la ghostwritter de “Over” de Kings of Leon? Hasta en las mejores familias a veces los autores se guardan el crédito.

 

Imagen

Niels Steeman en Unsplash.

Agencias literarias de teatro, cazadores de tesoros

Agencias Literarias

¿Qué tiene que ver una agencia literaria con el teatro? Todo… o mucho. Sin una agencia casi nunca hay un texto dramático (a menos que seamos nosotros mismos el que lo creemos).

Las agencias literarias son el actor menos explorado del sector teatral. Los textos giran alrededor de éstas y aún así pocas personas conocen cómo funcionan o cómo relacionarse con ellas.

La labor de una agencia literaria parece sencilla; pero está lejos de serlo. Son observadores silenciosos. La vanguardia. Actores de la industria que van cinco pasos más adelante que el público; en ocasiones como mineros que desentierran una joya preciosa sepultada.

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