¿Qué créditos merece Max Martin?

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Max Martin es la definición del pop desde el año 2000; como compositor de hits, de los Backstreet Boys, Britney Spears, hasta Katy Perry, Ariana Grande, The Weeknd y Justin Timberlake, en la imposición del sonido sueco al pop americano, Max Martin reta todas las definiciones de composición a las que se adaptaba el derecho de autor.

Label: Derecho de AutorA finales de los 90’s Max Martin era un DJ y productor, hacía canciones y había tenido exposición mundial con All That She Wants de Ace of Base. Los hits comenzaron con “I want it that wayde Backstreet Boys; pero de enumerar los hits este sería un texto distinto.

La forma de producción del pop cambió después del 2000. La técnica de música y letra que antecede a la producción fue reemplazada por una versión de composición más cercana al freestyle del hip-hop, lo que se conoce como track & hook.

Una cosa comoGinza (Si necesitas reggaetton dale) de J. Balvin no sale de sentarse en un piano —tampoco debería—. Sale de encerrarse en un estudio de grabación con los beats armados, prender el micrófono, lanzar rimas e ideas, pegarle a un buen gancho y desde ahí construir la canción.

Antes, el autor, en solitario componía toda la melodía y escribía la letra. La canción estaba prácticamente terminada antes de entrar al estudio de grabación. Bajo el esquema de música y letra era claro quién era el autor. Se exaltaba la melodía como elemento creativo y se descartaba el arreglo y la armonía como bloques de construcción. El derecho de autor solo le ve elementos de creatividad y originalidad a las melodías, precisamente para evitar el monopolio sobre las cadenas armónicas y los acordes individualizados.

Pero bajo el esquema track & hook la categoría de autor se diluye y debe revaluarse. Al tiempo, la subvaloración de los elementos armónicos como no originales, o no creativos, se cuestiona. Al final, el derecho de autor seguirá sin reconocer un monopolio sobre la armonía, pero considerará posible otorgarle al productor musical créditos como coautor por la forma en la que se dio el proceso de composición.

Ahora la producción musical viene primero, la letra vendrá más tarde, la melodía se ajustará a la vez. Todo se mezcla, se mide, se repite, se edita, se engorda y se ajusta para cocinar una canción pop.

Con “Since U Been Gonede Kelly Clarkson uno puede entender los créditos de composición, porque Max Martin y Dr. Luke la escribieron y la produjeron antes, escasamente dejaron que Kelly Clarkson la cantara —digo escasamente porque no le dieron ninguna otra posibilidad de intervención sobre la obra o la producción—, pero “Shake It Off” de Taylor Swift merece un análisis de fondo.

Con una compositora talentosa como Swift, formada bajo el esquema Nashville de música y letra, ¿cómo entran a participar sus productores como coautores?

La forma de trabajo de Max Martin (y Shellback, el duo Stargate, o Dr. Luke) hace hincapié en que la producción del fonograma, en sus elementos instrumentales, antecediendo a la composición como la (re)conocemos, son parte vital y componente creativo original de la obra musical subyacente que nace desde el fonograma (sic).

Para Taylor Swift, que Max Martin revise los comps, ayude a definir repeticiones lo hace parte del proceso creativo, le da calidad de autor.

Entonces los letristas o los topliners vuelven a tomar fuerza en la cadena de creación. Antes de que los Beatles popularizaran el esquema de cantautores, las canciones se escribían lejos del artista que las interpretaban (caso Elvis o Frank Sintra) pero bajo el esquema de música y letra. Entre esos colaboradores estaban los compositores que escribían la melodía, y los letristas que le ponían versos a esa melodía. Los topliners son los letristas del equema track & hook, los productores musicales les abren sus micrófonos y el topliner lanza sus versos, rimas, e ideas melódicas hasta que encuentra una idea relevante, que debe pulir y exaltar ahí mismo para que llegue a ser parte del corte final de la canción.

Hoy en el caso de Bonnie MaKee (letrista de Britney Spears y Katy Perry), o Ester Dean como topliner (Rihanna, Nicki Minaj), su autoría es clara.

La letra la ponen ellas y encaja en el canon de protección y originalidad; y la base armónica la rotan entre múltiples topliners, por eso el pop de hoy puede tener 5 u 8 autores, sin que sea una anomalía. Cada uno aporta mínimo un verso, una frase melódica. Es un proceso de colaboración que la transferencia de información por internet refuerza y revitaliza, rompiendo las barreras territoriales.

Lo que retan los productores musicales de pop que acogen créditos de composición es que sin el trasfondo, la atmósfera y ciertamente un sonido original de base, no es posible catalizar la colaboración de letristas y topliners.

Pueden ser autores, pero es no significa que todo productor musical sea autor.

El esquema de composición de muchos géneros continúa siendo de música y letra (el vallenato, géneros populares, las muchas variantes del rock y el metal); en ese esquema el productor rara vez será autor.

John Seabrook en su libro, The Song Machine relata a detalla la manera industrializada en la que se convirtió la creación de canciones pop —aunque el tema del abuso de Dr. Luke a Ke$ha lo desestima sin mucha discusión.

Los críticos apuntarán que Max Martin hizo que todo el pop de hoy suene exactamente igual, y es verdad. El exceso de hits hace que la fórmula sea reconocida por el oído así el artista sea diferente, da una familiaridad y ayuda a su tracción.

Condena y virtud.

En el esquema de composición track & hook que propone el pop hoy, los productores musicales pueden ser autores, como actores activos dentro del proceso de composición colaborativa de obras musicales pero esa camiseta no es de una sola talla.

Los hits hasta el momento

Foto

[Fragmento] “Mikael Damberg delar ut regeringens musik export pris till Max Martin och Spotify.” de Näringsdepartementet (CC BY 2.0)